El caótico y apabullante tránsito de coches del Valle del
Anáhuac sugiere una sintaxis de la chingada y una subordinación eterna de cada
pinche frase que se nos pueda ocurrir. El ridículo e hipócrita puritanismo que
no te permite coger sin tener que casarte es la musa de nuestras vidas. La
represión sexual, política, artística, metodológica, ideológica, económica,
psicológica, literaria , nos tiene hundidos en la mierda; en nuestra propia
mierda. Pero la mierda es poesía también.
Alrededor de nosotros todo es poesía . Poesía por aquí,
poesía por allá, poesía por delante y poesía por detrás. Y por detrás no solo
la poesía, cabe aclarar. El problema es que cabe; si no cupiera dolería más .
Poesía es saber que en cada esquina de esta dichosa ciudad hay un puesto de
tacos. Además, es poético saber que todos esos tacos son buenos. Cinco de
pastor, con todo. No hay nada más poético que pasear por la Condesa comiendo un
helado Roxy. Doble, la bola de vainilla abajo y la de rompope arriba, por
favor. Inspira a la poesía ver a un niño en la calle echándote el agua desde su
botella de Coca Cola para lavarte el parabrisas anterior del coche. Gracias
mano, Dios te bendiga. La poesía no sólo se encuentra en el transporte privado;
la poesía viaja en metro el día 28 de
cada mes y se baja en la estación Hidalgo. Turu ru. Hay poesía en las frutas y
las flores del Mercado de Jamaica. Oiga, está re cara la manzana. Pues ya ve
jefe, con las heladas. Las sábanas sucias de cualquier motel de la colonia
Escandón guardan la poesía que hay en la infidelidad de cada oficinista de la
zona. Le cobro doscientos cincuenta, jóven; la habitación es por cinco horas.
Toda esta ciudad está llena de poesía. La mota que venden en
los pasillos de la Facultad de Ciencias de la UNAM es, sin duda alguna, un
exponencial factor para la poesía. Las ínclitas telenovelas de Televisa están basadas en poesía pura.
Cada paso de Cuauhtémoc Blanco en la cancha es poesía. Cada disparo de cuerno
de chivo que sale por la bocina de la tele, seguido de la gangosa voz de López
Dóriga es poético. Cada portada y título de El Gráfico llena el alma con su
fina e ingeniosa poesía. El sonido del organillero apagado por el motor de los
coches nos hace recordar un tiempo anterior donde todo era también poético.
Caminar por Masaryk con un espíritu voyerista permite la masturbación
consumista y posterior al acto, invita a
la poesía. Manejar tu coche por Periférico hacia el norte y notar el inmundo
límite entre el Distrito Federal y el todopoderoso Estado de México conmueve al más valiente. La Estela de Luz,
es poesía en una galleta. Lo olvidaba, las putas indefinidas de Tlalpan son
poetas natas. Aunque los poetas más experimentados se encuentran en cualquier
tianguis, anunciando con vigor que la pomada del semen de Maciel cura todos los
pecados. (Estos merolicos son un desmadre). La poesía es omnipresente. Aparece
a cada momento. Está en cada pinche esquina, de cada pinche colonia, de cada
pinche delegación de ésta pinche ciudad.
Si uno es observador, notará la poesía que tiene atorada en la papada
Carlos Slim. Me atrevería a decir que Elba Esther Gordillo es la exponente más
grande de la poesía de terror, al nivel de Hitchcock. Ah! Y la poesía más oriunda
de estos lares se resume a un ‘pásele güerito’. Pero tan poético como esa frase
es el auto racismo del pueblo que profiere esas palabras. Poesía
transculturizada también es poesía. Poesía hay en las marchas ciudadanas contra
la imposición; en cada pancarta, en cada coro, en cada jodido que no puede hacer más nada que poner las
nalgas ante la impavidez del resto del país. Recursos y más recursos poéticos
nos dan cada ‘s’ de sobra en los verbos que al defeño le gusta usar. Encontrar
una chava que esté bien buena en un mar de viejas feas y gordas da razones para
escribir un poema. No poder poseerla da razones para escribir un poema. La
inmensa infinitud de la Ciudad Universitaria es la poesía que se le escribe a
la mediocridad. La bajeza de Tepito es la más concentrada de las poesías
urbanas. La música estridente de antros y bares, templos de la poesía del
lubricante social , es también poesía con melodía.
Cada minuto, cada centímetro, cada palabra, cada calle, cada cogida, cada basura en el piso, cada peatón imprudente atropellado, cada muro en Facebook, cada tamalero, cada taxista, cada senador y cada diputado, cada cagada, cada imbécil que choca ebrio, así como cada marcha, cada puesto de piratería, cada lava coches, cada casa en San Ángel o Las Lomas, cada pepenador, cada semáforo, cada tweet del Jefe de Gobierno, cada jodido día que existimos es poesía. Hacia dónde voltees hay poesía. Poesía, poesía y poesía hasta que te canses, cabrón.
